No tengo idea de cuándo sería que en mi corazón apareció el deseo de ser mamá, supongo que habrá sido muy pequeña puesto que tengo este sentimiento como de haberlo querido siempre…

En este tiempo, eso de saber desde siempre que quieres ser mamá, con todo lo que ello conlleva: el voto del para siempre con un hombre que te enamore, dedicarte en tiempos partidos a tu propia persona, renunciar al placer de no hacer nada, dedicarte de tiempo completo a la casa, el marido y esos hijos que quisiste tener… como que no tiene mucha validez o le falta glamour, no se.

Lo que sí tengo claro es que hoy, las mujeres jóvenes a mi alrededor, dicen querer ser abogadas, dentistas, escritoras, periodistas, doctoras y un muy largo etcétera de profesiones a la que dicen tener la vocación de  ser…

¿A dónde se fue, donde quedó pisoteada y muy maltratada la vocación para la que fuimos creadas?  Esa que solo nosotras podemos desempeñar y que nos hace únicas, maravillosas, distintas. ¿Será que verdaderamente se perdió, se fue para no volver? o ¿será que simplemente está escondida detrás de una maraña de confusiones, que sin darnos cuenta, nos llegaron a convencer que esto de ser “solo” esposa y madre es algo gastado, aburrido, no tan bueno?

Tengo el presentimiento, que se me va convirtiendo en certeza,  que si dejáramos que las mujeres jóvenes de hoy, de mediano o mucho éxito profesional,  fueran totalmente sinceras con ellas mismas y se les permitiera quitarse la máscara, que les hemos ayudado a colocarse, concluiriamos, sin lugar a dudas, que casi por no decir que todas anhelan desde dentro, allí donde habita el alma, ser eso, nada más que eso… MAMÁS.

En mi humilde entender, conseguido a través de los años vividos y teniendo en ese lapso la dicha de haber podido experimentar el ser esposa y madre de tiempo completo, para también pasar por serlo a medio tiempo compartido con trabajo y  también con estudio fuera de casa, me atrevo a confirmar que el primer anhelo, ese que traemos desde siempre, es el que te produce la más perfecta alegría, la mayor felicidad, la plenitud…

Así que, desde la posición que hoy me ofrece la vida… como mujer, profesional, ama de casa, esposa, madre y sobre todo abuela concluyo como lo he hecho en todas las cartas que anuncian esa gran dicha:  

Felicito de todo corazón a todas las mujeres que ya son MAMÁS y las que no… ¡¡SER MADRE y luego ABUELA es un paso en la vida que recomiendo ampliamente!!

 

Autora: Carmen Alicia Mendoza, 

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